lunes, 10 de agosto de 2020

Actividad 05 Religión, grado séptimo.

Jesús llama a Dios: Padre.

 

Jesús tiene una relación especial con el Dios de Israel, tan íntima, que le llama Abbá, que en arameo era la expresión cariñosa de los niños pequeños hacia sus padres: “papito”. Esta familiaridad es muy difícil de entender en el ambiente judío. Bien es verdad que los profetas habían usado imágenes paternas para referirse a Dios. Jesús va más allá y lo llama papacito. El nombre, por aquel entonces, es muy importante: los nombres decían la esencia de las personas. Por eso el nombre de Dios fue revelado en el Antiguo Testamento: las personas no podíamos nombrar a Dios a nuestro antojo. Yavé, “yo soy el que soy”, era una palabra sagrada que nunca se mencionaba. Solo una relación especial e íntima entre Jesús y Dios Padre explica un nombre tan personal. Esta expresión es tan propia que los primeros cristianos lo invocaban así en las celebraciones.

Dios es el padre de Jesús, que es el Hijo; y también es el padre de los cristianos y de todos los hombres. El maestro dejó a sus discípulos el modelo de oración perfecta. En ella invocamos todos los cristianos diciendo: Padre nuestro… El Dios de Jesús es padre de todos, padre nuestro. Como en la parábola del padre misericordioso, no se puede separar la relación del padre con sus hijos y la relación entre los dos hermanos. Un padre mantiene unida a la familia. Cada vez que lo invocamos, cada cristiano confiesa que comparte un mismo misterio de amor con otros creyentes y se siente unido a todos los que lo llaman igual.

INFORMACIÓN TOMADA DEL LIBRO DE RELIGIÓ DE GRADO SEXTO, VER A JESÚS DE SM.


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