jueves, 15 de octubre de 2020

Actividad 04 Religión, grado octavo. 4P

El Espíritu Santo.

La fiesta de Pentecostés.

Pentecostés era una de las tres grandes fiestas de peregrinación de los israelitas al templo de Jerusalén. Por eso la ciudad estaba llena de judíos procedentes de todas partes. En Pentecostés se celebraba la entrega de la Ley por parte del Señor a Moisés en el monte Sinaí, y se ofrecían las primicias de la cosecha. En este ambiente estaban reunidos los discípulos. 

Lo que ocurre el día de Pentecostés es un fenómeno interior: los discípulos se llenan del Espíritu Santo. La manifestación exterior de esta presencia de Dios por medio del Espíritu Santo consiste en un gran ruido y en unas lenguas de fuego. Viento, ruido y fuego ya estaban presentes en el Antiguo Testamento cuando Dios se aparecía, como en el caso del Sinaí. 

Los discípulos se sienten transformados por este impulso interior y se lanzan a comunicar las grandezas de Dios, es decir, a predicar ante los que habían venido a Jerusalén para la fiesta, y cada uno les entendía en su propia lengua.

En Pentecostés se manifiesta la iglesia.

En Pentecostés se cumple la promesa: el Espíritu Santo se derrama en los corazones de los discípulos y estos reciben la fuerza necesaria para ser testigos de Jesús. El signo de que han recibido esa fuerza es que empiezan a predicar y a dar testimonio de su fe. 

El hecho de que se manifiesten en lenguas extranjeras indica que se cumple el mandato de Jesús de predicar a todos los pueblos. El mensaje de Jesús no es solo para los judíos. 

Jesús ya no los acompaña día a día como antes, pero ahora los discípulos tienen la ayuda del Espíritu Santo, que será como la presencia cercana de Dios, que les da fuerza y les ayuda a comprender el mensaje de Jesús.

 En Pentecostés nace la comunidad de los discípulos de Jesús, nace la Iglesia. A partir de este momento inicial, la Iglesia no hará más que extenderse por el mundo.



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